El día 11,
iniciamos el Capítulo con la celebración solemne de la Eucaristía al Espíritu
Santo para pedirle su luz y su fuerza en estas jornadas de reflexión, oración,
discernimiento y trabajo. Nos acompañaron, la comunidad, las chicas y
feligreses que participan todos los días en la Misa. Después del
desayuno, iniciamos nuestro retiro, dirigido por el P. Diego Martínez, S.J.,
que vino expresamente de Monterrey para apoyarnos. Ya desde la oración inicial,
nos invitó a confiar, porque el Señor está con nosotros y su Palabra es un
mensaje de tranquilidad y de certeza, que nos invita a contagiar vida, sin
angustia de qué estructuras vamos a construir o qué vamos a hacer para
construirlas. Y, en este ambiente de crear espacios de confianza, nos iluminó
el tema de la primera charla con el texto de Mt., 3 sobre la persona de Jesús
bautizado en el Jordán. La idea que nos quería transmitir era, la de vivir la
experiencia de dejarnos ser. Nos invitó a hacer una lectura entre líneas de
esta escena, porque ahí está la clave de lo que será luego la predicación de
Jesús. Cuando se ha vaciado de sí mismo, escucha la voz de aquello inefable que
le dicen: “Tú eres mi hijo amado, en Ti me complazco”. De aquí brota
todo, de saberse recibido por el Padre. Funda en Él, la pasión por la
fraternidad. Luego nos habló brevemente sobre las bienaventuranzas, como
invitaciones que nos hace Jesús, y se detuvo en la primera: “Felices
los que eligen ser pobres”, y recalcaba que solo el pobre se siente
necesitado del “OTRO” y de los “otros”, y desde esta pobreza,
seremos capaces de agradecer, sorprendernos, compartir y acoger. Repetidas
veces nos dijo que al Reino solo se puede acceder en pobreza. Por la tarde
centró su reflexión sobre el Reino de Dios y los signos que lo anuncian. Estos
signos que provocaron en los apóstoles sus “noches oscuras”, porque no estaban
en sintonía con Jesús, son también para nosotras, una llamada de atención para
que tomemos distancia de nuestros temores y tendencias que no siempre son
transparentes y verdaderas. Nos confrontó con el camino de Jesús que, es de
abajamiento y a tomarlo en cuenta en nuestro trabajo de evangelización.
Terminamos el día con el rezo de Vísperas y la acción de gracias a Dios por
tanto bien recibido.
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